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Entrevista de Miguel Lorenci a Francisco Ibáñez publicada en
Heraldo de Aragón.
PREGUNTA.- ¿Cuántas veces ha leído el Quijote?.
RESPUESTA.- Enterito ninguna. Como cualquier españolito, aunque digan lo contrario, lo he leído siempre a saltos. Por desgracia, un maldito profesor nos obligó a leerlo resumido en la escuela. Hacía dictados y se emperraba en que hiciéramos análisis gramaticales. Fue tremendo y me alejó del libro, como a tantos españoles.
P.- ¿Mortadelo tiene mucho de Quijote?.
R.- Ya lo creo. Ha salido casi solo. Más al ponerle al lado a su fiel escudero Filemoncho Panza, al convertir a Ofelia en Dulcinea y al Súper en Sansón Carrasco. Estaba obligado a hacerlo desde que me propuse meter en la colección todos los acontecimientos de actualidad. No podía dejar pasar el centenario. Tratar la actualidad es mi fórmula para que no se apolille el personaje. Me tomo mis libertades, claro: Rocinante es una vaca; Filemoncho Panza va en Vespa y no en pollino; "Los molinos" son un cabaré, las molineras coristas y los gigantes globos en los que viajan el ex y los suyos, Aznar, Álvarez Cascos y compañía.
P.- Se ve que no sufre dibujando.
R.- Me lo paso fenomenal, pero me cuesta lo mío. Hasta que no está todo resuelto, los originales pintados, grabados impresos y distribuidos, odio cordialmente a mis personajes. Me reconcilio cuando veo el álbum acabado. Ahí me digo a mí mismo: "este tío promete" (risas).
P. - ¿Francisco Ibáñez jamás pierde la sonrisa? ¿Nunca se deprime?.
R.- De vez en cuando, como todo el mundo. Pero sería insensato mostrame con cara de palo si estoy mal. Más ante la cara de ilusión de un crío que viene a que le firmes un álbum. La alegría es una obligación. Me debo a la gente que aguarda colas inmensas para verme y tengo que regalarles mi mejor sonrisa, auque tenga una pena que me atraviese el alma o un dolor que me taladre la cabeza.
P.- ¿Se ríen más con Mortadelo los críos o los adultos?.
R.- Me temo que a los adultos le hace más gracia y que están mucho más necesitados de risas. Cada vez hay más adultos y menos críos en las firmas.
P.- Mortadelo nació en 1958. Ha vendido casi 200 millones de ejemplares en una decena de idiomas, ¿alguna vez soñó con cifras así?.
R.- Nunca. Es un disparate, pero nunca llevé la cuenta. Cada vez son más populares fuera de España. En Alemania es una locura. Me siento pagado con que guste. He tenido muy pocos premios, pero el más valioso es tener lectores, y no me supera casi nadie.
P.- ¿Qué hace para que no se agote al inspiración?.
R.- Dar el callo. No me dopo ni con café. No hay otra que atarse al tablero y apretar los codos y la cabeza hasta que venga la idea. Lo de las musas son zarandajas. Tardaré más o menos, pero se trata de currar y currar. Como mucho, a veces cojo una enciclopedia y busco bichos raros para disfrazar a Mortadelo.
P.- ¿Cuántos disfraces le ha dibujado a Mortadelo?.
R.- Pues otro disparate. No tengo cifras, pero recuerdo que en un sólo álbum había más de doscientos. A veces he bajado el pistón para no aburrir. Llegué a hacer un álbum titulado "El disfraz, cosa falaz".
P.- Después de Ibáñez ¿qué pasará con sus personajes? .
R.- Me gustaría que me sobrevivieran. No quiero matarlos ni llevármelos a la hoguera, como hacían los hindúes con sus viudas.
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